
Desde el debut disruptivo de Demna en Gucci hasta la sofisticación atemporal de emporio Armani, la ciudad se convirtió en un hervidero de creatividad donde la consigna fue clara: el riesgo ha vuelto.
Las colecciones: entre el instinto y la técnica
El gran protagonista fue, sin duda, Gucci. Bajo la dirección de Demna, la casa italiana abandonó la zona de confort para abrazar una estética underground. Vimos micro-vestidos de lentejuelas, el ya icónico tanga de diamantes lucido por Kate Moss y una energía de “mañana siguiente” que devolvió el erotismo a la marca.
Por su parte, Prada, con Miuccia y Raf Simons, exploró la complejidad femenina a través del layering. Fue un desfile de capas inteligentes: abrigos sastre combinados con parkas amarillas tipo chaleco salvavidas y faldas transparentes que revelaban bordados florales. Mientras tanto, Dolce & Gabbana reafirmó su dominio del corsé y la feminidad empoderada, manteniendo el encaje y el negro riguroso como sus sellos imbatibles.
El front row: el imán de las estrellas
Las sillas de primera fila estuvieron tan concurridas como las pasarelas. Kendall Jenner capturó todos los flashes en el Emporio Armani, personificando el lujo silencioso con un vestido de lana color carbón que gritaba elegancia milanesa. A pocos metros, figuras como Nicholas Galitzine y la cantante Elodie aportaron el toque de juventud y tendencia.
En Gucci, el ambiente fue una cumbre de iconos: Donatella Versace, Paris Hilton y Emily Ratajkowski (quien también desfiló) elevaron la temperatura de un evento que mezcló a la aristocracia de la moda con la rebeldía del streetwear.
Milán 2026 nos deja una lección: la moda vuelve a ser emocional. Ya sea a través de las capas complejas de Prada o la desnudez valiente de Gucci, las pasarelas italianas han demostrado que la verdadera tendencia es, por encima de todo, la personalidad sin filtros.