
Si todavía crees que viajar en First Class comercial es la cima del lujo, estás viviendo en 2019. Este año, la verdadera élite (hablamos de los UHNWIs) está abandonando las cabinas compartidas por algo mucho más valioso: el control total de su agenda.
No es solo por el estatus, es una cuestión de eficiencia. Mientras que un vuelo comercial de Nueva York al Caribe puede consumirte un día entero entre conexiones y esperas, en un jet privado aterrizas en menos de cuatro horas.
El lujo del lino (ese estilo relajado pero ultra-exclusivo) comienza antes de despegar. Olvídate de llegar tres horas antes para pasar seguridad. Aquí llegas 15 o 20 minutos antes de la salida, subes directo y te vas.
Para los empresarios y nómadas financieros que frecuentan Casa de Campo, el tiempo es el activo más escaso. Por eso, el aeropuerto internacional de La Romana se ha vuelto su base de operaciones favorita: está a solo cinco minutos del check-in del resort.
Todo por la seguridad
Pero el juego ha cambiado también dentro de la cabina. Ya no se trata solo de asientos de cuero, se trata de tener una oficina segura y móvil. Aviones como el Bombardier Global 8000 ahora vuelan a una velocidad máxima de Mach 0.95, siendo el avión civil más rápido del mundo. Imagina cerrar un deal multimillonario en una cabina con la altitud de presión más baja de la industria (adiós al jet lag) mientras cruzas el Atlántico.
Casa de Campo lo sabe y por eso ofrece un servicio de concierge de jets privados 24/7, conectándote con más de 30,000 aeronaves en todo el mundo. Tener tu propio aeropuerto con acceso de vehículos directo a la pista no es solo comodidad, es recuperar el poder sobre tu vida.
Al final del día, la migración del lino no es hacia un asiento más grande, sino hacia una vida sin fricciones.